Hoy día
existen muchos hechos, que quizás en la década de los años ochenta de la pasada
centuria, hacer referencia a algunos de ellos, hubiera sido una utopía.
A nadie se
escuchaba hablar, por ejemplo, de un turismo espacial, con el costo de 195 mil
a 200 mil dólares por pasajero, o de un asesinato por Internet, o que hoy un
auto pueda funcionar con mezcla de gasolina y de hasta un 10 por ciento de
etanol, sustancia lograda a partir del maíz y otros granos.
Noticias así
eran inimaginables, cuando personas como yo transitaban la adolescencia y la juventud;
sin embargo, esos mismos hechos hubieran sido bien poco si nos hubiésesmos representado revelaciones
como la de un vecinito de seis años, cuando el otro día dejó al papá su primera
nota en la computadora, comunicándole que se iba de casa y no regresaba más,
porque no lo habían llevado a los caballitos.
O el más
pequeño de la casa, de dos años y medio, poniéndose las manos en la cabeza,
diciendo en pleno suspiro que la vida era muy dura. Y así, pudiera enumerar
disímiles hechos que dejan estupefactos a cualquiera, aun sin reírles “la
gracia”.
Pero al
salir de las fronteras del hogar, una se puede tropezar con tremendas
“hazañas”. No es posible creer que ya los jóvenes no le comuniquen a los padres
dónde visitan, hacia qué lugar se dirigen, con quiénes van a salir…
Cada vez la
tutoría de muchos adultos pasa a ser pan comido por los hijos. Y no es difícil
escuchar a una profesora de Secundaria Básica decir, que los padres de algunos alumnos
no “pueden” con sus hijos. Entonces, ¿qué harían los maestros en circunstancias
parecidas?
No es
tampoco exagerado ver la alianza de
padres e hijos en la compra de un profesor para aprobar al estudiante. Preguntas
como qué se puede esperar del futuro de un alumno así, tienen rápidamente una
respuesta: Insuficiente e ineficiente en su posible trabajo cuando tenga la
edad para ello.
Pero vuelvo
otra vez a las décadas de cuando los estudiantes y las personas en general,
convivíamos con más respeto y honestidad, incluso hasta en el momento de los
juegos colectivos. Era fácil apreciar la preocupación de un compañero por la
salud de otro o la solidaridad presente en situaciones difíciles. Hoy el
irrespeto por los demás constituye gracia para unos. Y la despreocupación hacia el prójimo puede llegar
a límites insospechados.
Lo cierto es
que muchos atribuyen lo que sucede, al desenfreno del influjo de los distintos
medios de información y comunicación sobre el individuo, en la acción del
conocimiento y la distracción, pues son cada vez más las ráfagas de contenido
distorsionado y ocioso que vemos diariamente a través de la computadora y el
DVD, por solo citar dos vías.
Es verdad
que el asunto está influenciado por las distintas fuentes de conocimiento
dichas; pero existen todavía personas, dentro de ellas jóvenes, que no tranzan
con la deshonestidad y la anarquía, pues conviven en senos familiares donde se
empeñan en transmitir los mejores valores.
No es cosa
fácil, se trata de convencer a los pequeños y jóvenes no con slogan ni frases
hechas, sino con la demostración de las mejores actitudes y una ética creíble.
Mira que la nota de mi vecinito en la computadora a tan temprana edad puede ser
una alerta, pero confío en un mejor futuro para todos.


