Una publicación para describir e informar

viernes, 7 de noviembre de 2014

miércoles, 10 de septiembre de 2014

María, la vieja que todos quieren tener.



María Victoria Velázquez conoce cada detalle del parque de equipos de la Empresa de Transporte  y Cargas Generales de la oriental provincia de Las Tunas.
Como jefa de grupo de operaciones conoce nombres y apellidos de cada uno de los  cuarenta y dos choferes que integran la plantilla y el número de las matrículas de los carros. Además, se mantiene al tanto de las necesidades espirituales de sus compañeros, quienes la consideran como una madre, cuando ante cualquier acercamiento la llaman “Vieja”.
Para ella no existe obstáculo que no pueda vencer, y aunque ya ha sobrepasado la edad para la jubilación: “Estoy fuerte, me siento bien. Nunca he hecho rechazo al trabajo. No pienso en eso” –aseguró sin ofrecer otras explicaciones-.
Ahora encamina sus anhelos, para resolver la ceguera que la aqueja desde que tenía catorce años, con una nueva terapia, de la que “hablaron por la televisión nacional y tengo esperanza de resolver la situación. Se trata de un chip para implante del nervio óptico…ese es  mi problema”.
En la Base de Transporte, se operan cargas hacia centros de diversos organismos de la provincia. Los choferes mantienen disciplina a la hora del trabajo, y tienen un riguroso control del combustible. Ello ha sido en parte un logro de las relaciones de trabajo que ha establecido María Victoria con todos por más de veinte años.
Independientemente de los sesenta y tres años de vida con que cuenta, muchos los ha dedicado al trabajo y cuando alguien le insinúa el retiro del centro, los ojos se les humedecen y dice con voz entrecortada: “El día que no vengo, me muero”.

lunes, 4 de agosto de 2014

Los que salen, los que se quedan.



Muchos hombres y mujeres del mundo han tenido un sentido cosmopolita de la vida, pues aprecian al mundo como un gran y solo país. 
En la Literatura, de igual manera se han proyectado numerosos escritores, especialmente después de la segunda guerra mundial, cuando diferentes escuelas del cosmopolitismo sucedieron al criollismo.
Pero la esencia de este comentario no es estudiar la obra de autores como el argentino Jorge Luis Borges, los mexicanos Juan Rulfo y Juan José Arreola, el venezolano Arturo Uslar Pietri, o el cubano Ramón Ferreira, por solo citar algunos, sino acercarme un poco más a la realidad de hoy.
En relación con el tema, una amiga de la infancia que vive en España, me instó a escribir sobre el asunto, a propósito de que leyera el pasado año, una crónica que redacté sobre el municipio matancero de Colón, y con la que abrí un Blog titulado ¡Que así sea!
Me decía que dejara claro en el material que todos los cubanos que deciden irse del país no son contrarrevolucionarios, ni reniegan de sus raíces. Y su sentir no es único, tengo otras amistades que desde diferentes países, entre ellos, los Estados Unidos, usan las redes sociales como Facebook y Twitter, para destacar valores positivos sobre Cuba, aun estando lejos de su tierra.
Razones económicas, de unión matrimonial, reunificación  u otras de carácter muy personales, han movido a miles  de cubanos a emigrar a diferentes tierras.
Aunque era una adolescente, cuando tuvo lugar el éxodo de muchos cubanos desde el Mariel hacia los Estados Unidos (entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980), nunca  entendí la respuesta de muchos de los que se quedaban.
Desde mi inexperto conocimiento sobre temas políticos, yo veía grosero, por ejemplo, que tiraran cartones de huevos a las puertas de algunas casas de familias, donde sus integrantes  habían tenido hasta esos momentos un correcto comportamiento, o que los avergonzaran, blasfemándoles con palabras “sucias”.
Sin embargo, al cabo del tiempo vi desertar en silencio y sin escándalos a muchos que tiraron huevos cuando lo del Mariel. Claro, era otra época, después nos  acostumbramos  a ver el asunto de manera más “civilizada”.
Cuando mi amiga me recomendaba escribir sobre el tema, vi claro, la nostalgia por su pueblo natal, -el mismo que el mío-, la remembranza por las personas amadas que dejó, el deseo de seguir defendiendo a su país en Facebook, a través de fotos y mensajes…
Por ello, al cabo de tanto tiempo, mi amiga no se debe avergonzar ante el mundo porque se haya ido a vivir a otro país;  en ello, en parte, radica la libertad que tiene todo ser humano de escoger su camino, igual así como la de quienes nos quedamos porque  queremos.

viernes, 7 de marzo de 2014




La tunera Nidia Niuris González Sosa se alista para sus labores diarias cuando apenas el sol aparece por el horizonte. Es una de las mujeres que no le teme al trabajo.
La necesidad de atender de cerca a su esposo, convaleciente de una enfermedad lumbar, y de encaminar a su hija más pequeña hacia la escuela, hizo que dejara de cumplir con un horario rígido de oficina y pasara a ser trabajadora por cuenta propia.
Lo hace conduciendo un coche que transporta pan desde el combinado alimentario de Buena Vista, en la misma ciudad tunera, hacia varias bodegas de zonas periféricas. Luego cuando termina la faena, atiende un pedazo de tierra cultivable y rápidamente se dedica a las labores hogareñas.
Pero su entusiasmo por el mundo equino le viene desde niña, cuando con solo diez años ya cabalgaba la zona por donde vivía. Sólo después de adulta se dedicó a la pasión que tenía escondida: “No le tengo miedo a manejar  el coche, la gente dice que porque soy mujer no debo hacer ese trabajo, pero es que a mí me gusta y domino bien el caballo…Lo que  hay que ponerle amor a cada labor que tú hagas, si no, no salen las cosas”.
De esa manera tan natural se expresa la mujer de 42 años, esposa  y madre de dos hijas, abuela de un nieto y que para ella no hay labor difícil de realizar. Una tunera, cubana, de las tantas que han roto esquemas y que constituyen hoy ejemplos de igualdad de género en nuestro país.

martes, 11 de febrero de 2014

¡Que así sea!: Maykol, el más pequeño de todos.

¡Que así sea!: Maykol, el más pequeño de todos.:                     En el centro "Ramón Téllez" de Las Tunas, cursan estudio ciento setenta y siete alumnos. Ciento sesen...

Maykol, el más pequeño de todos.



                   
En el centro "Ramón Téllez" de Las Tunas, cursan estudio ciento setenta y siete alumnos. Ciento sesenta y siete trabajadores docentes y no docentes laboran para ellos. Allí recibe didáctica un grupo de escolares con diagnóstico de hipoacusia y otro con debilidad visual y ciegos.
El más pequeño de todos es Maykol Alarcón Martínez, quien con poco más de dos años y medio enfrenta  su ceguera, día a día, con  la ayuda de la maestra Efigenia Martínez, (Fifi).
La educadora le enseña lo elemental para saber conducirse e insertarse en el medio; sin embargo, Maykol aprende mucho más. Sabe cómo se nombra y apellida, la dirección donde vive, el nombre  de sus padres y de la escuela, el de la directora, su maestra y por si fuera poco, afirma que José Martí no solo escribió la Edad de Oro, sino también que es el Apóstol de Cuba.
El pequeño sabe, a través del tacto, reconocer una planta de malanga, sus partes y dónde está sembrada, la forma de las figuras geométricas y el sonido de los animales. Le gusta la música y a su resonancia queda atento, identificando una y otra pieza.
Pero a Maykol le gusta divertirse también. Disfruta del parque de su escuela y baila y canta con deseos. Degusta las hortalizas y las frutas fácilmente, porque sabe que son importantes para crecer. Fifi se lo explica, él lo entiende, tanto como el cariño que le brinda todos los días su maestra y él lo reciproca diciéndole que la ama del tamaño del mundo.
Fifi no solo tiene a ese único alumno de dos años, también le brinda didáctica a Cristian, otro pequeño invidente de ocho años,  ambos la prefieren porque ella es especial para los dos, su principal bastón durante el día. Ellos para la maestra, una de las  primeras  motivaciones en sus mañanas.