miércoles, 12 de noviembre de 2014
viernes, 7 de noviembre de 2014
miércoles, 10 de septiembre de 2014
María, la vieja que todos quieren tener.
María
Victoria Velázquez conoce cada detalle del parque de equipos de la Empresa de
Transporte y Cargas Generales de la
oriental provincia de Las Tunas.
Como jefa de
grupo de operaciones conoce nombres y apellidos de cada uno de los cuarenta y dos choferes que integran la
plantilla y el número de las matrículas de los carros. Además, se mantiene al
tanto de las necesidades espirituales de sus compañeros, quienes la consideran
como una madre, cuando ante cualquier acercamiento la llaman “Vieja”.
Para ella no
existe obstáculo que no pueda vencer, y aunque ya ha sobrepasado la edad para
la jubilación: “Estoy fuerte, me siento bien. Nunca he hecho rechazo al
trabajo. No pienso en eso” –aseguró sin ofrecer otras explicaciones-.
Ahora encamina
sus anhelos, para resolver la ceguera que la aqueja desde que tenía catorce
años, con una nueva terapia, de la que “hablaron por la televisión nacional y
tengo esperanza de resolver la situación. Se trata de un chip para implante del
nervio óptico…ese es mi problema”.
En la Base
de Transporte, se operan cargas hacia centros de diversos organismos de la
provincia. Los choferes mantienen disciplina a la hora del trabajo, y tienen un
riguroso control del combustible. Ello ha sido en parte un logro de las
relaciones de trabajo que ha establecido María Victoria con todos por más de
veinte años.
Independientemente
de los sesenta y tres años de vida con que cuenta, muchos los ha dedicado al
trabajo y cuando alguien le insinúa el retiro del centro, los ojos se les
humedecen y dice con voz entrecortada: “El día que no vengo, me muero”.
lunes, 4 de agosto de 2014
Los que salen, los que se quedan.
Muchos
hombres y mujeres del mundo han tenido un sentido cosmopolita de la vida, pues
aprecian al mundo como un gran y solo país.
En la Literatura, de igual manera
se han proyectado numerosos escritores, especialmente después de la segunda
guerra mundial, cuando diferentes escuelas del cosmopolitismo sucedieron al
criollismo.
Pero la esencia
de este comentario no es estudiar la obra de autores como el argentino Jorge
Luis Borges, los mexicanos Juan Rulfo y Juan José Arreola, el venezolano Arturo
Uslar Pietri, o el cubano Ramón Ferreira, por solo citar algunos, sino
acercarme un poco más a la realidad de hoy.
En relación
con el tema, una amiga de la infancia que vive en España, me instó a escribir
sobre el asunto, a propósito de que leyera el pasado año, una crónica que redacté
sobre el municipio matancero de Colón, y con la que abrí un Blog titulado ¡Que así sea!
Me decía que
dejara claro en el material que todos los cubanos que deciden irse del país no
son contrarrevolucionarios, ni reniegan de sus raíces. Y su sentir no es único,
tengo otras amistades que desde diferentes países, entre ellos, los Estados
Unidos, usan las redes sociales como Facebook y Twitter, para destacar valores
positivos sobre Cuba, aun estando lejos de su tierra.
Razones
económicas, de unión matrimonial, reunificación u otras de carácter muy personales, han movido
a miles de cubanos a emigrar a diferentes
tierras.
Aunque era
una adolescente, cuando tuvo lugar el éxodo de muchos cubanos desde el Mariel
hacia los Estados Unidos (entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980), nunca
entendí la respuesta de muchos de los
que se quedaban.
Desde mi
inexperto conocimiento sobre temas políticos, yo veía grosero, por ejemplo, que
tiraran cartones de huevos a las puertas de algunas casas de familias, donde
sus integrantes habían tenido hasta esos
momentos un correcto comportamiento,
o que los avergonzaran, blasfemándoles con palabras “sucias”.
Sin embargo,
al cabo del tiempo vi desertar en silencio y sin escándalos a muchos que
tiraron huevos cuando lo del Mariel. Claro, era otra época, después nos acostumbramos
a ver el asunto de manera más “civilizada”.
Cuando mi
amiga me recomendaba escribir sobre el tema, vi claro, la nostalgia por su
pueblo natal, -el mismo que el mío-, la remembranza por las personas amadas que
dejó, el deseo de seguir defendiendo a su país en Facebook, a través de fotos y
mensajes…
Por ello, al
cabo de tanto tiempo, mi amiga no se debe avergonzar ante el mundo porque se
haya ido a vivir a otro país; en ello,
en parte, radica la libertad que tiene todo ser humano de escoger su camino,
igual así como la de quienes nos quedamos porque queremos.
viernes, 7 de marzo de 2014
La tunera
Nidia Niuris González Sosa se alista para sus labores diarias cuando apenas el
sol aparece por el horizonte. Es una de las mujeres que no le teme al trabajo.
La necesidad
de atender de cerca a su esposo, convaleciente de una enfermedad lumbar, y de
encaminar a su hija más pequeña hacia la escuela, hizo que dejara de cumplir
con un horario rígido de oficina y pasara a ser trabajadora por cuenta propia.
Lo hace
conduciendo un coche que transporta pan desde el combinado alimentario de Buena
Vista, en la misma ciudad tunera, hacia varias bodegas de zonas periféricas.
Luego cuando termina la faena, atiende un pedazo de tierra cultivable y rápidamente
se dedica a las labores hogareñas.
Pero su entusiasmo
por el mundo equino le viene desde niña, cuando con solo diez años ya cabalgaba
la zona por donde vivía. Sólo después de adulta se dedicó a la pasión que tenía
escondida: “No le tengo miedo a manejar
el coche, la gente dice que porque soy mujer no debo hacer ese trabajo,
pero es que a mí me gusta y domino bien el caballo…Lo que hay que ponerle amor a cada labor que tú
hagas, si no, no salen las cosas”.
De esa
manera tan natural se expresa la mujer de 42 años, esposa y madre de dos hijas, abuela de un nieto y que para
ella no hay labor difícil de realizar. Una tunera, cubana, de las tantas que
han roto esquemas y que constituyen hoy ejemplos de igualdad de género en
nuestro país.
martes, 11 de febrero de 2014
¡Que así sea!: Maykol, el más pequeño de todos.
¡Que así sea!: Maykol, el más pequeño de todos.: En el centro "Ramón Téllez" de Las Tunas, cursan estudio ciento setenta y siete alumnos. Ciento sesen...
Maykol, el más pequeño de todos.
En el centro "Ramón Téllez" de Las Tunas, cursan estudio ciento setenta y
siete alumnos. Ciento sesenta y siete trabajadores docentes y no docentes
laboran para ellos. Allí recibe didáctica un grupo de escolares con
diagnóstico de hipoacusia y otro con debilidad visual y ciegos.
El más
pequeño de todos es Maykol Alarcón Martínez, quien con poco más de dos años y medio
enfrenta su ceguera, día a día, con la ayuda de la maestra Efigenia Martínez, (Fifi).
La educadora
le enseña lo elemental para saber conducirse e insertarse en el medio; sin
embargo, Maykol aprende mucho más. Sabe cómo se nombra y apellida, la dirección
donde vive, el nombre de sus padres y de
la escuela, el de la directora, su maestra y por si fuera poco, afirma que José
Martí no solo escribió la Edad de Oro, sino también que es el Apóstol de Cuba.
El pequeño
sabe, a través del tacto, reconocer una planta de malanga, sus partes y dónde
está sembrada, la forma de las figuras geométricas y el sonido de los animales.
Le gusta la música y a su resonancia queda atento, identificando una y otra
pieza.
Pero a
Maykol le gusta divertirse también. Disfruta del parque de su escuela y baila y
canta con deseos. Degusta las hortalizas y las frutas fácilmente, porque sabe
que son importantes para crecer. Fifi se lo explica, él lo entiende, tanto como
el cariño que le brinda todos los días su maestra y él lo reciproca diciéndole
que la ama del tamaño del mundo.
Fifi no solo
tiene a ese único alumno de dos años, también le brinda didáctica a Cristian,
otro pequeño invidente de ocho años,
ambos la prefieren porque ella es especial para los dos, su principal
bastón durante el día. Ellos para la maestra, una de las primeras motivaciones en sus mañanas.
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