Una publicación para describir e informar

martes, 12 de marzo de 2019

No soy de estos tiempos


Visitar la consulta de una de las amigas que surgió por el ejercicio de la profesión, fue muy aleccionador. Observar otras pacientes que retribuían a la doctora algunos obsequios, me hizo pensar que no soy más que una mujer “a la antigua”, -para ser conservadora conmigo misma.
Estoy entre las que nacieron en las primeras décadas después del triunfo de la revolución; es decir, aquellas que lucieron ropas hechas en las máquinas de coser de las madres, las tías o las abuelas, soy de las que no tenían apenas equipos electrodomésticos para usar; sin embargo, se forjaban amistades sobre la base de la empatía y el amor.
Eso alcanzaba. Bastaba quererse  a través de un encuentro fortuito, una invitación formal con la familia o simplemente no verse casi nunca y la relación amistosa permanecía en el tiempo.
Mira cuán lejos estoy de ser una mujer de ahora. En la consulta me di cuenta que estoy encallada en un pretérito inofensivo. Me sentí culpable por no hacer lo que hacen las demás, por no estar a la par de las agradecidas, por ser la más inútil de las pacientes.
Luego, dejé un poco de reprocharme, cuando escuché a la doctora decirle a una de las que le obsequiaba, que no tenía que regalarle nada, porque eran amigas. Me vino el alma al cuerpo. Olvidaba que la especialista y yo somos coetáneas.
Aun así, hoy el estilo que vale es otro, y de esa verdad no puede escapar nadie. A fin de cuenta, un regalo siempre halaga y hasta hace falta, en dependencia de lo que ofrezcan. Bien que lo merece la amiga, por ser una profesional capaz y entregada a su quehacer.
Me fui de la consulta con el propósito de ser una mujer de estos tiempos. Y aunque sé que ella es de las mías, pienso quitarme pronto el cartelito de desagradecida, por si le diera una lectura diferente a mi corazón… es radióloga.





domingo, 20 de enero de 2019

El hermano de Larduet quiere ser taekwondokista


Rolandito, así le llaman en el barrio. No es solo el hermano de Yunieski Larduet, el “correcaminos” del equipo de pelota los “Leñadores” de Las Tunas “. Es un niño fuerte, de más de 1.60 centímetros de altura y una aptitud fuera de lo normal para el deporte:
“Me gustan todos, pero el taekwondo es mi deporte preferido. Lo practico hace dos años, desde que estaba en cuarto grado…Ya he alcanzado medalla de plata en competencia nacional, el año pasado y aspiro un día a ser campeón”,      -expresó.
Rolando Daniel Larduet Núñez estudia en el centro escolar: “Rafael Martínez Martínez”, de la ciudad de Las Tunas y sus entrenadores lo preparan de manera especial para ingresar el próximo año en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), donde recibirá entrenamiento personalizado en taekwondo:
“Me gusta la pelota también, juego con mis amigos del barrio. Admiro mucho a mi hermano Yunieski, porque es buen pelotero, corre bastante, roba bases…    -afirma con seguridad-, lo sigo en todos los juegos por la televisión y a veces voy al estadio a verlo y apoyarlo”.
“Cuando ganó el equipo de pelota de Las Tunas y se hizo Campeón nacional, mis amigos y yo salimos a la calle a tocar con latas y espumaderas, fue mucha emoción, tenía  alegría por mi hermano”, -dijo con los ojos llenos de brillo.
La hazaña de los Leñadores ya es una realidad y son por primera vez campeones nacionales, Rolandito siente más de cerca el triunfo de ellos y su ejemplo puede ser un estímulo para continuar la preparación en el taekwondo, con el apoyo de su familia y de su madre, Macelys Núñez, que desde Venezuela, donde cumple misión en el sector de la Salud, lo sigue y lo apoya.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Enseñar para cambiar a las personas


Pararse frente al aula cada día debe ser como estrenar una obra de teatro, en la cual, los espectadores, no solo reciprocan y aprenden, sino que el actor o actriz principal debe darlo todo para recibir el aplauso esperado.
Para ello, el actor debe estudiar bien, una y otra vez, su libreto, y el público, lograr estar en silencio y muy atento, para recibir un producto con calidad. He ahí la simbiosis que se genera en el aula cuando el profesor imparte su clase. Se crea un acto mágico,  donde todo se ilumina por el advenimiento de un nuevo conocimiento.
Lic. Rafael Clara Machado
Así de maravilloso es el arte de enseñar. Quienes han tenido cerca el ejemplo de insuperables educadores podemos testificar sobre lo que significa aprender. Y es que de las enseñanzas de profesores y profesoras pueden surgir  excelentes profesionales, técnicos, obreros… con buenos conocimientos.
Enseñar desde la humildad lo llena todo. Rafael Clara Machado, profesor de título y por convicción, director del  centro especial Luis Augusto Turcios Lima, de la ciudad de Las Tunas, es del criterio que la educación no es solo enseñar Español y Matemáticas, sino preparar al estudiante en general para la vida.
La escuela que dirige no sería creativa, sin su talento y pasión, es uno de los expertos que cree lo que decía Paulo Freire: “La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Fijémonos cuán importante es enseñar.

martes, 4 de diciembre de 2018

"Cada uno a su oficio"


Una muchacha de tez muy blanca y seria dio la bienvenida al equipo de reporteros del sitio digital  Visión Tunera. Quiso ponernos en contacto con su director, el licenciado Rafael Clara Machado, pero tuvimos que esperar, el directivo se encontraba preparando a dos jóvenes profesores y después entró a un aula para repasar acciones comunicativas en el idioma Inglés, como parte del perfeccionamiento que se pone en práctica en su escuela.


“Sí, hemos incorporado el idioma Inglés en séptimo grado, como actividad complementaria diseñada en el currículo de perfeccionamiento del centro”, -explicó el máximo responsable de la escuela Luis Augusto Turcios Lima, institución de la provincia de Las Tunas donde estudian alumnos con discapacidad intelectual.
Pero no es la única novedad que a simple vista encontramos,  en otra aula, la enfermera Natasha Labrada, madre de Rosabel Brito, una alumna de séptimo grado también, impartía una charla sobre las consecuencias de quienes consumen droga.
Allá en el corredor interior de la escuela, Margarita Perdomo acompañaba a su hijo Rolando Iglesias (Roly) a un salón multioficio,  diseñado para algunos alumnos con necesidad de mayor aprendizaje, quienes concluyen el noveno grado y todavía necesitan de más habilidad para insertarse al desempeño de un oficio en un puesto laboral.
Para ello, la dirección del centro preparó un local donde los alumnos que concluyen el cuarto ciclo pueden realizar manualidades, labor de peluquería,  cocina y hasta un café degustamos de manos de ellos: “Desde los cinco años estoy en esta escuela y ya tengo veintidós, por eso le tengo mucho cariño a mi profesora Caridad que me enseñó a hacer alfombras, al director…y quiero llegar siempre temprano para participar en los matutinos...” -expresó sonriente Roly.
La “Turcios Lima” cuenta con  63 docentes que preparan para la inserción a la vida socialmente útil a 182 educandos, de primero a noveno grados, quienes generalmente optan por oficios de panadería, dulcería, carpintería, arreglo de enseres menores, entre otros.
Uno de los mejores dividendos del centro es su relación con los padres y familiares de los alumnos,  como nueva forma de trabajo. De su cercanía han surgido proyectos tan hermosos como uno de artesanía y otro con la banda de música de la ciudad, en los cuales los alumnos con talento se convierten en protagonistas de los mismos. 
Llevar adelante la enseñanza especial en Cuba necesita de un potencial humano con alta sensibilidad y talento, -condiciones que destacan en la “Turcios Lima”- pero también de recursos para la didáctica y el aprendizaje, que escasean por las barreras del bloqueo norteamericano.
Aun así, las alternativas y la creatividad no faltan, y un puesto de labor seguro para quienes optan por ser la “imagen” de un centro de referencia en el país, como el que se ganó Liliana, la jovencita de tez blanca y seria, ex alumna de la escuela donde ahora es recepcionista.

jueves, 11 de octubre de 2018

En la orilla de la esperanza


¡Ay! Negra, que cuando una está en desgracia, ahí es que te das cuenta del valor de las personas, hasta tu misma familia te aparta, te aplasta como una cucaracha, te da patadas y tú intentas virarte bocarriba, entonces aprovecha para dejarte sin escape, sin respiración, ahogada en un saco oscuro amarrado por la punta.  Qué terrible es que la sangre se te vaya para la cabeza, lenta y caliente,  como mermelada de mango cuando se va refrescando y tú a querer controlarlo todo, mas sabes que no eres Dios. Dios te da la medida de lo que necesitas, Él no falla. Pero qué falta me hace saber que el ser humano no es lo que muestra…
Qué bueno que estás ahí, Negra, socorriendo sin poder, mirando que se me escapa el aire y lo quiero agarrar en la orilla de la esperanza. Ahora que me siento el último de los puntos del Universo, ahora sé que la vida puede pender de un hilo y soy el bufón más estúpido que trabaja para los que se visten de rey…Me doy cuenta de esa realidad tan camuflada, y no piense alguien que soy diferente a los ratones de cuevas... Este chorro de sudor no significa nada, no es miedo, es la respuesta a tanta sangre en la cabeza, Negra...  Todos se fueron, me dejaron sola con la turbación y el rencor que me estruja la cara y dice bajito que caí en su trampa, pero no es hora todavía de agarrar la cordura por donde se merece, por los hombros, así, a ras…
Esta cara de idiota no cuenta,  no la mires de frente porque te envestirá como un toro salvaje huyendo de su víctima; sin embargo, soy de un papel enrarecido por el tiempo y los maltratos… Tú estás ahí sin saber qué hacer, pero eso basta, tu presencia es un bálsamo que se derrama en este río infinito de humillación, porque no soy nadie con tanta sangre en la cabeza, que ahora quiere escurrirse contigo al frente, y tú repasándome con ojos de carnero degollado…No me mires así, Negra; la lástima no salva ni un ocho cuarto, aunque te agradezco que apareciste cuando mi familia salió desbaratada de la risa pensando en una escena de teatro bufón. ¡Cuando se está en desgracia ni los de uno quedan, Negra!…¡Negra, mi buena samaritana!...

jueves, 28 de junio de 2018

Pirámide normal


Acabo de concluir el último paso formal de un curso de maestría en Ciencias de la Comunicación: la defensa del informe investigativo.  El escalón lo traté de resolver desde una mirada comunicativa y axiológica, pero terminé rendida a los imperativos del lenguaje científico. Fue algo así como una suerte de duelo entre el Periodismo de terreno vs  Academia.    
Traté de transmitir la esencia del asunto relacionado con que los periodistas de Tunasvisión realicen más crónicas y testimonios…La idea la entendieron; sin embargo, quedé con el desconsuelo  -amén de otras condicionales que pudieron encontrar-, de percibir cierta insatisfacción por parte de algún que otro (a)  al no defenderme estrictamente con los términos de los cuales ellos son paradigmas.
Para mi resultó una paradoja hablar por veinte minutos un discurso aprendido, cuando en esencia defendía la condición de un lenguaje, no por sencillo y coloquial, poético y armonioso.
Mientras, con una segunda mirada observaba a un tribunal, en su generalidad, expectante y polémico; con el primer vistazo, apercibía  a ciertos amigos y amigas transmitiéndome con sutiles pensamientos: _Esto es así, pero sé tú. O en la última fila del auditorio disfrutar a mi familia con el semblante de ser testigo  de una página inédita en su vida. Esa, mi gente, era mi crónica, surgió allí con la intensidad de las aguas arremolinadas y la sutilidad -a decir de Reinaldo Cedeño- de la luz tenue de candil.  Era  la misma crónica que defendí en un discurso científico “a medias”.   
En un abrir y cerrar de ojos terminó todo. Muchas citas preparadas y hasta alguna que otra anécdota quedó por decir fuera de los veinte minutos, pero no hizo falta. Después del protocolo, cada uno que formó parte del tribunal llegaría a casa con el deber cumplido; yo, en cambio con una historia más que contar, y un grupo de público que aplaudió sin haberlo escuchado.
Una vez en mi hogar y despojada de términos y frases de cumplimiento pude abrazar y decirles con libertad a los míos: ¡Contra, qué bueno fue verlos allá atrás en el salón, como barrera guardián de mi esfuerzo y mi palabra!