Una publicación para describir e informar

viernes, 7 de marzo de 2014




La tunera Nidia Niuris González Sosa se alista para sus labores diarias cuando apenas el sol aparece por el horizonte. Es una de las mujeres que no le teme al trabajo.
La necesidad de atender de cerca a su esposo, convaleciente de una enfermedad lumbar, y de encaminar a su hija más pequeña hacia la escuela, hizo que dejara de cumplir con un horario rígido de oficina y pasara a ser trabajadora por cuenta propia.
Lo hace conduciendo un coche que transporta pan desde el combinado alimentario de Buena Vista, en la misma ciudad tunera, hacia varias bodegas de zonas periféricas. Luego cuando termina la faena, atiende un pedazo de tierra cultivable y rápidamente se dedica a las labores hogareñas.
Pero su entusiasmo por el mundo equino le viene desde niña, cuando con solo diez años ya cabalgaba la zona por donde vivía. Sólo después de adulta se dedicó a la pasión que tenía escondida: “No le tengo miedo a manejar  el coche, la gente dice que porque soy mujer no debo hacer ese trabajo, pero es que a mí me gusta y domino bien el caballo…Lo que  hay que ponerle amor a cada labor que tú hagas, si no, no salen las cosas”.
De esa manera tan natural se expresa la mujer de 42 años, esposa  y madre de dos hijas, abuela de un nieto y que para ella no hay labor difícil de realizar. Una tunera, cubana, de las tantas que han roto esquemas y que constituyen hoy ejemplos de igualdad de género en nuestro país.

martes, 11 de febrero de 2014

¡Que así sea!: Maykol, el más pequeño de todos.

¡Que así sea!: Maykol, el más pequeño de todos.:                     En el centro "Ramón Téllez" de Las Tunas, cursan estudio ciento setenta y siete alumnos. Ciento sesen...

Maykol, el más pequeño de todos.



                   
En el centro "Ramón Téllez" de Las Tunas, cursan estudio ciento setenta y siete alumnos. Ciento sesenta y siete trabajadores docentes y no docentes laboran para ellos. Allí recibe didáctica un grupo de escolares con diagnóstico de hipoacusia y otro con debilidad visual y ciegos.
El más pequeño de todos es Maykol Alarcón Martínez, quien con poco más de dos años y medio enfrenta  su ceguera, día a día, con  la ayuda de la maestra Efigenia Martínez, (Fifi).
La educadora le enseña lo elemental para saber conducirse e insertarse en el medio; sin embargo, Maykol aprende mucho más. Sabe cómo se nombra y apellida, la dirección donde vive, el nombre  de sus padres y de la escuela, el de la directora, su maestra y por si fuera poco, afirma que José Martí no solo escribió la Edad de Oro, sino también que es el Apóstol de Cuba.
El pequeño sabe, a través del tacto, reconocer una planta de malanga, sus partes y dónde está sembrada, la forma de las figuras geométricas y el sonido de los animales. Le gusta la música y a su resonancia queda atento, identificando una y otra pieza.
Pero a Maykol le gusta divertirse también. Disfruta del parque de su escuela y baila y canta con deseos. Degusta las hortalizas y las frutas fácilmente, porque sabe que son importantes para crecer. Fifi se lo explica, él lo entiende, tanto como el cariño que le brinda todos los días su maestra y él lo reciproca diciéndole que la ama del tamaño del mundo.
Fifi no solo tiene a ese único alumno de dos años, también le brinda didáctica a Cristian, otro pequeño invidente de ocho años,  ambos la prefieren porque ella es especial para los dos, su principal bastón durante el día. Ellos para la maestra, una de las  primeras  motivaciones en sus mañanas.


jueves, 2 de enero de 2014

En un rinconcito del corazón




El Rinconcito es una comunidad del municipio tunero de Jobabo, en el oriente de Cuba. No hace tantos años allí vivían cerca de mil habitantes, sin embargo, algunos han emigrado a zonas donde están más cerca de la carretera y de sitios con mejor situación con el agua potable.
Pero un joven de 31 años se ha encargado de transformar la situación. Su nombre es Alexis Rodríguez Espinosa, un licenciado en logopedia que ha devenido delegado del Poder Popular, porque la mayoría de los habitantes lo eligieron abierta y democráticamente para ocupar tal función.
Desde hace casi un año gobierna la zona rural con varias dificultades por resolver, pero que ya sus empeños por cambiarla van más allá de su esfuerzo personal.
Ha inmiscuido a todos los estudiantes de la enseñanza primaria que tiene en su radio de acción y con ellos, como protagonistas, lleva adelante un proyecto comunitario que lo ha llamado Palma sola. “Así, por el nombre de una obra del poeta nacional cubano Nicolás Guillén y porque este lugar está muy apartado de la ciudad” -explicó Rodríguez Espinosa a entrevista realizada para la televisora Tunas visión.
El proyecto consiste en resaltar el potencial artístico y cultural de los niños para buscar unidad, interacción, y eliminar inclinaciones de indisciplinas sociales. Pero con ello también se prevé la construcción de un centro de referencia cultural territorial, a través del cual se mejorarán los caminos y carreteras, y quedará resuelta la situación de la escasez de agua.
El nuevo delegado tiene en su jurisdicción una bodega, círculo social, consultorio del médico, un comedor para asistencia a personas con bajos ingresos, sala de vídeo y escuela, la cual constituye el centro de la comunidad.
“Yo nací aquí y me fui de pequeño a estudiar a la escuela para ciegos de La Habana. Después hice la enseñanza preuniversitaria y más tarde la licenciatura en defectología y logopedia. Cuando decidí regresar para acá una amiga me dijo que me arrepentiría y el otro día la vi en Las Tunas y le recalqué que no me había arrepentido todavía de haber venido, ni lo haré nunca” –dijo  el joven gobernante.
Los electores de El Rinconcito siguen a su delegado. Él convoca y el pueblo ejecuta los objetivos. Tiene fe en la transformación. Asume con entusiasmo cada tarea al lado de sus vecinos.
Sus padres lo apoyan y estimulan. Su hijo no es bien considerado porque sea invidente de nacimiento, sino porque se ha ganado el respeto por su esfuerzo y modo optimista de ver la vida. Con esa que marcha ahora al lado de muchas personas que lo vieron nacer, y que siempre las ha llevado en un rinconcito de su corazón.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Hadas madrinas modernas



Las amas de casa son una suerte de hadas madrinas que cuando una vira la cara, tienen a nuestra disposición lo ideal, o al menos lo necesario, para nuestros imperativos.
De niña, yo miraba con atención el papel de ellas, lo observé en mi madre, primeramente, después en mi tía y en las abuelas. Quizás la inocencia de los primeros años de vida no alcanzaba apreciarlas en su máxima dimensión. Después de adolescente, comencé a verlas más cerca de lo real.
Ellas se las ingenian para cocinar almuerzo y comida para cuatro, cinco y en ocasiones,  para más personas. Pero no solo eso, los cocidos les salen  bien y equitativos para cada cual según su “dieta”.
Generalmente friegan, lavan, planchan y  limpian. Hacen los jugos, natillas o cualquier merienda y los ponen en las manos de su familia. Por tanto, está de más decir que son abnegadas, incondicionales y nadie o casi nadie reciproca sus atenciones.
Hoy, independientemente del esfuerzo que se realiza por la igualdad de género en la sociedad –y el hogar no está exento de ello-, así como de las proyecciones contra el machismo, el recargo  de tareas sobre las amas de casa, sigue siendo una asignatura pendiente en muchas familias.
Nunca me di cuenta la cantidad que se servían en sus platos, y en ocasiones comían de pie o a deshora. Sin embargo, sí tenía claro que gustaban del ala o las patas del pollo. En tiempo de frío preparaban un té caliente a los miembros de la familia y sin importarle la temperatura que hiciere, fregaban antes de acostarse.
Hoy me doy cuenta que ellas son tan reales como yo. Por eso me empeño en contarles estas cosas a mis hijos para que la suerte sea cada vez más equitativa. Bueno, al menos  a punto de concluir estas líneas, mi niña ha puesto a mi disposición una taza de té sobre mi buró.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Mercy, la que arregla equipos.



La mujer cubana puede desempeñar cualquier cargo u oficio que se proponga. En la provincia once de la Isla de Cuba, Las Tunas,  muchas féminas realizan tareas poco comunes. Tal es el caso de María Mercedes Peña Peña, quien se desempeña por casi treinta años como técnica en radio mecánica.
En un taller de enseres menores, ubicado en el mismo centro de la ciudad capital de la provincia, presta servicio en un colectivo integrado por 16 trabajadores, pero solo dos mujeres más realizan la misma labor.
En su mesa de trabajo se dejan ver alicates, destornilladores, cinceles, y otras herramientas que le permiten enmendar cualquier fallo en un radio, grabadora, olla eléctrica, o cualquier aparato electrodoméstico menor. Con destreza y profesionalidad deja su talento como huella en cada equipo restaurado.
Esta tarea nada la ha alejado de su femineidad, todo lo contrario: “Por lo que realizo en mi mismo trabajo no me crecen mucho las uñas, pero trato de mantenerlas bien limpias cuando termino de reparar algo, me las arreglo, el pelo también; en fin, busco mostrar mis rasgos tales como son.
“Lo que realizo lo veo como un oficio, que cualquier mujer pudiera hacer, por qué los hombres pueden y nosotras no. No, sí lo podemos llevar adelante”.  De esa manera se expresa Mercy, como también la llaman en el plano amistoso y familiar, la mujer que arregla radios y ollas y cambia lámparas y tomacorrientes en su casa.
La tunera que tiene un hijo licenciado en psicología, un hogar que lidera y un compromiso para desempeñar todos los días con el pueblo: “Mi mayor satisfacción es que me saluden por la calle y me digan, ¡Mercy, qué bueno quedó el equipo! Entonces yo le digo: ¡Qué bien, cuídelo!” –Y una sonrisa cómplice escapa de su boca.
Como Mercedes, en Las Tunas se pueden apreciar féminas cocheras, albañiles, camioneras, operadoras de grúas, o carpinteras ebanistas, por solo citar algunos de los oficios poco habituales  para ellas; sin embargo, no por ser mujeres dejan de ejecutarlos con calidad, eficiencia y gracia.