Así, de
manera tan natural, se expresa una tunera de 56 años, del municipio de Majibacoa,
al este de la capital provincial de Las Tunas. Tiene una única hija y la
invalidez de su muchacha, la suple Olga con la máxima atención y esmero, a
pesar de que desde hace tres años cuenta con una sola pierna.
“Fue un
accidente. Era necesario quitarme esa pierna, porque no servía, la tenía
colgando todo el tiempo y después que me la amputaron, mi vida cambió para
bien, engordé y me siento mucho mejor”, -expresa una de las tuneras que cuenta
con más voluntad para vivir.
Y continúa
diciendo: “El gobierno me ha ayudado con algunas cosas que a mi hija le hace
falta, colchón, televisor y otros bienes que agradezco tanto…Yo por mi parte no
me cruzo de brazos, todo lo que pueda hacer para ganarme un dinero o cualquier
cosa que me haga falta para la casa, lo hago. Cobijo techos, realizo algunos
mandados, lo que sea, para ayudar a mi hija”.
Olga es
sencillamente una mujer digna para imitar. La voluntad y la perseverancia son
sus atributos. Columna de su hogar, pues, aunque Yurisleydis, su hija, en
ocasiones, ayuda en el fregado de la cocina, sobre sus hombros descansa la
responsabilidad del día.
Para Olga no
hay ocio en su casita de Sabanilla, cuando termina el grosor de su trabajo, se
sienta junto a Yurisleydis a tejer
fondos para muebles, a partir de la fibra del guano. Allí siempre tienen
algo de qué conversar y algún que otro sueño por anunciar.
Así, en
parte, hace gala del significado de su nombre, que aunque de origen ruso, tiene
mucho que ver con nuestros esfuerzos y raíces: “Aquella que es
invulnerable", es nuestra también, es cubana.
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