El semblante de Edith Toranzo Gómez revela una suerte de
tía, abuela o hada madrina que cura las dolencias. Se puede ver todas las
mañanas en la sala de cirugía del Hospital Pediátrico de Las Tunas, canalizando
venas o revisando un suero, pasándole la mano a un niño o cargando a otro
cuando llora.
Así es la enfermera que hace cuatro meses decidió
reincorporarse a su centro, después que disfrutaba de su jubilación: “La misma
necesidad de cubrir la plantilla me hizo que volviera…Pero es que me gusta lo que
hago, cuando doy asistencia a algún niño y veo que se va a casa sano, me
resulta de mucha satisfacción.
“Hace poco –continúa narrando Toranzo- me encontré en el
pasillo del Hospital un médico que hoy es cirujano y qué alegría sentí cuando
dijo: _¡Mira mi enfermera!. Él era asmático cuando pequeño y varias veces lo
atendí en la sala de respiratorio…-se recordó de aquel tiempo.
“Anécdotas como estas me hacen más fuerte, -recalcó la
tunera y agregó: Cuando los niños se pasan varios días en el centro llegamos a
tenerlos como familia, me parece que son mis sobrinos, mis nietos…”
Edith Toranzo no es una enfermera más. Es una profesional
a la que las nuevas generaciones debieran imitar. “Yo le digo a quienes quieren
estudiar la carrera: _deben tener amor y paciencia, porque para relacionarse con
los niños hay que ser paciente” –enfatiza.
Mantiene un pensamiento positivo y eso se lo transmite a
sus pacientes y familiares, tal y como lo hacen las hadas cuando tocan con sus
varitas mágicas el corazón de todos.


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