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sábado, 24 de septiembre de 2016

NOSOTRAS



Rin, rin, rinnnnn…Estoy todavía con la historia del sueño pegada en las pestañas y me levanto como un santiamén. Casi todos los días sueño. Es una manía que heredé de la adolescencia. Estiro la cama y la tiendo, porque mi esposo ya está sentado en el sillón esperando que termine de preparar el desayuno, él calienta la leche; yo, religiosamente le doy la terminación.
El machismo de cualquier región siempre es machismo, no sé si el americano, no sé si el africano, todos son parecidos, para no decir que a veces me dan deseos de sacudir por el cuello... En ocasiones no tienen ni culpa: _Espera que yo termine esto para hacerte aquello… _Coge aquí que te voy a servir… Al final, eso nos gusta porque somos las que queremos ser heroínas todos los días.
Niños hacia la escuela, con las meriendas preparadas desde la noche anterior, ¿Por quiénes? ¡Por nosotras! Nosotras somos quienes hacemos también el almuerzo, la comida, todos los refrigerios que se degustan en la casa en cualquier hora del día o de la noche…
Tarde de baño para los niños, cada detalle en su sitio, el agua caliente, la ropa limpia, la sucia al cesto para el fin de semana, ¡ah!, porque, al menos yo, trabajo “en la calle”, tengo una labor que demanda mucha concentración y capacitación constante, digo, en las noches o las madrugadas; es decir, cuando se tenga el tiempo, quién sabe a qué hora.
_ ¡Qué rico te quedó el muslito de pollo mi amor!, ¡Te la comiste! Hacía tiempo no hacías algo así. _ ¿Sí?, -me hago la que no sé que iba a decir eso, mientras de pie, en lo último de la cocina, chupo hasta el final los huesillos del ala en mi plato- Los niños no, siempre encuentran sabrosas las carnes desmenuzadas de los contra muslos, al fin y al cabo ellos no saben todavía cómo manipular sentimientos.
En la noche queda poco tiempo para todo, el cansancio es el principal adversario. El sexo a veces no tiene la calidad que debiera porque la mente está enfocada en el agotamiento y aunque creo que Dios da lo necesario para cada jornada, es inevitable pensar en la proteína del día siguiente.
La almohada la siento más que de esponja de un contenido celestial; sin embargo, no me puedo dormir sin antes escribir un reportaje pendiente…Rin, rin, rinnnnn… ¡No puedo creer que mi esposo esté otra vez sentado en el sillón!
 

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