Una publicación para describir e informar

martes, 14 de noviembre de 2017

La rosa de Las Tunas



Para Rosa Julia Peña (Chicha), la ancianidad ha venido a ser un remanso en el cual cosecha lo que un día sembró. El cuidado de su familia ha sido importante a la hora de mantener una calidad de vida que sobrepasa la media  a nivel mundial.
Ella coopera con algunas  labores de la casa y después, siempre hay tiempo para preocuparse por sus delicadezas femeninas.  Los buenos modales nunca pueden ser olvidados: “Mis hijos y mis nietos me compran de todo y no me falta el perfume, las cremas, el polvo para la cara…Uso mis zapatos cerrados y de tacón corto, y mantengo mis cejas arregladas”, enfatiza Chicha.
Pero ¡ver a Chicha en plena faena de trabajo! Ella barre, friega, riega las Diez del día y un helecho que adorna el traspatio, como si fuera un juguete guardado en un lugar privilegiado y que nadie puede tocar.
Rosa Julia ama a su familia, lo descubro cuando, haciendo ademanes, sonríe y respira con placer. Dos hijos, varios nietos y bisnietos conforman el círculo de sus allegados. Siempre tiene un tiempo para recordar también a quienes no están.
Ahora queda el recuerdo compartido. Una juventud en la que combinó el trabajo, la atención a sus hijos y el esparcimiento, pues la inclinación  por el baile todavía la practica en una buena ocasión para  celebrar su merecido onomástico:
“Cumplo 103, 103 años”, -ratifica con satisfacción.
Aunque cariñosamente la llaman Chicha, su nombre es Rosa,  una rosa autóctona del oriente de Cuba, a quien no es difícil admirar.

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