Zoila Rosales Reyes
recuerda cuando se sentaba junto a sus hermanos, a los pies de su padre, para
escuchar los discursos de Fidel, no
importa cuán largos fueran. Se hizo una costumbre en su hogar. Pero así como
ella y sus hermanos crecieron e hicieron cada uno sus familias, la de ella
también ha tomado su rumbo.
Hoy la soledad la sortea con
las labores propias que conlleva formar una colección bien estructurada sobre
la vida y obra de Fidel Castro. Seleccionar más de tres mil fotos y literatura presupone
una ardua labor. Los cuidados tienen que ser redoblados para tratar de
conservar el papel por más de veinte años:
“Mi papá me puso en las
manos la primera foto enmarcada de Fidel. Me dijo que como yo escribía poemas y
ya le había dedicado uno al Comandante, que empezara a coleccionar. Y ese fue
el pie para comenzar”.
Además del cariño que siente
por la primera foto de su colección, atesora otra con esmero, pues piensa que tiene
un valor excepcional:
“Conservo una foto que creo
es inédita. Fidel se encuentra con una rodilla apoyada en la tierra, con el
fusil al hombro, la camisa semi desabotonada y una niña descalza dándole un
beso en la frente. Ese tesoro me lo
obsequió la nieta de unos combatientes que lucharon junto a Fidel en la Sierra.
Desconozco quién hizo la foto, pero la tengo yo.”
La historia que regala la foto
inspira aun más a la coleccionista, pues demuestra la grandeza de un hombre sui
géneris:
“Fidel es grande, como él,
aparece uno en cada siglo, ojalá el de este ya esté en camino. Él me inspira.
Yo pasé un proceso de enfermedad relacionado
con la columna vertebral hace unos años y él me dio fuerzas para vivir. Ya
estoy bien de salud pero me sigue transmitiendo ejemplo”.
La casa de Rosales
Reyes se ha convertido en una suerte de
hemeroteca para la consulta de estudiantes y vecinos:
“Muchas personas me guardan
fotos de Fidel, me las regalan. Yo he ido a más de 45 kilómetros a buscar una
foto de él. He llevado parte de mi colección a muchos lugares y a centros como
la Universidad Lenin de
Las Tunas. Cerca de mi casa tengo una escuela que muchos niños y maestros
vienen a consultar algún acontecimiento, fecha, o cualquier otro dato sobre el
Comandante y los he podido ayudar”.
Ya Zoila está montada en un
barco que navega desde hace tiempo y ahora, más que antes, no lo dejará naufragar:
“Estaré coleccionando hasta
que tenga fuerzas…”
Ella, como tantas cubanas y
muchas de otros lares, quisieron un día demostrar su cariño a Fidel; sin
embargo, el anhelo queda incrustado en cada una de esas fotos amarillas por el
tiempo, pegadas como un beso a la pared de la casa de Zoila, en Alturas de
Buena Vista, en Las Tunas.


