“Consuelito”
Consuelo
Vitalia Iglesias Salcedo, no solo vino a este mundo para tener dos hijas, cuatro
nietas, cuatro tataranietas y dos bisnietos. Tiene una lucidez privilegiada y
por eso cuenta sin parar detalles de hace mucho tiempo.
En una de
las casas más antiguas de la ciudad de Las Tunas, la número 24, de la Calle
Vicente García, vive desde hace cien años. Dice su hija Teresa, que la
propiedad del inmueble la conservan desde 1804, cuando las escrituras se hacían en
la cercana Villa de Bayamo.
La anciana
recuerda en el día de su cumpleaños cien, el 27 de enero, cuánto de ayuda desinteresada
brindó a sus semejantes, desde los que lucharon en la etapa pre revolucionaria,
hasta los que hoy día son más cercanos a ella en el tiempo: “Ayudaba con ropas,
comida y cuanto hiciera falta a los rebeldes de la zona de Jobabo, tenían
confianza en mí” –dejaba entrever, mientras con sencillez, numeraba algunas de
las obras benéficas en las que participó, al inicio del triunfo de la
Revolución.
Actividades
de alfabetizadora y de maestra de corte y costura, son algunas de las que realizó
gratuitamente, porque se deleita en enseñar y ayudar: “Son dos cosas que
siempre me han gustado y nunca desear nada que no pueda tener”.
Consuelito,
como todos le llaman, es conocedora de la historia. Sabe los pormenores de la
vida de José Martí, como hombre de ideas y la importancia que tuvo para la
independencia de Cuba; de Vicente García, el León de Santa Rita, y los veinte
años que separaba el nacimiento de ambos, el primero, en 1853 y el segundo, en
1833…Así va repasando sucesos en su mente, mientras pregunta, ¿Voy muy rápido?
_¡No, no!, va hablando muy bien –le respondí con prontitud.
“A veces, escribo
poesía por inspiración. En mi vida he leído muchas revistas, periódicos, libros
y ahora, hasta tarde, me quedo al frente del televisor para estar al tanto de
todo, -comenta, y agrega: “Muchos jóvenes de la Universidad, vienen en busca de
algún repaso de Historia y yo con gusto los ayudo”.
Consuelo es
toda dádiva, asistencia, bondad…Unos la llaman poetisa, otros, abuela, otros,
según sus percepciones, yo le llamaría archivo viviente. Recordar su presencia
en la fiesta de los cien años del mambí tunero Julián Santana, cuando solo
contaba con quince años, es bastante como para creer que su memoria histórica
es privilegiada.
La casa
número 24 de la calle Vicente García, ubicada en el mismo Centro Histórico de
la ciudad de Las Tunas, ha contado por los siglos, con la presencia de
nogenarias y centenarias. Paredes, puntales, puertas y ventanas, no esconden su
imagen curtida por el tiempo; sin embargo, están aun ahí, quién sabe por cuánto
más, para seguir dando fe de una familia que ha perdurado, para contar.

