Paciente
inesperada
Una fractura de rótula en el mes de julio me hizo acudir
a la sala de fisioterapia más cercana a mi comunidad y recibir atención.
Siempre había tratado el tema desde la perspectiva de periodista y no de
paciente.
Ante la necesidad acudí a la primera sesión escéptica.
Sufría de músculos y ligamentos tensos tras haberme pasado casi dos meses con
un yeso ajustado en toda la pierna derecha. Pero al cabo de los siete días de
sesiones de ejercicios, me sentía ser otra persona, digo, otra paciente.
En la Sala del policlínico Gustavo Aldereguía, una de las
trece con que cuenta la provincia de Las Tunas, para esos fines de
rehabilitación, recibí servicios de electro fisioterapia, ultrasonido
localizado, y ejercicios para relajamiento muscular en dos departamentos
distintos.
Elogiaba entonces una larga lista de servicios a disposición de
los pacientes y la habilidad de los técnicos para realizarle gratuita y
atentamente lo que le corresponde de tratamiento a cada enfermo. Allí también
se brinda terapias de medicina natural y tradicional, acupuntura, podología,
psicología y otras no menos importantes.
El licenciado en fisioterapia Roberto Rodríguez, colmó
todas las expectativas positivas con respecto a su labor. Invidente diestro en
masajes y con un amplio conocimiento teórico de su carrera demostraba todas las
mañanas sus enseñanzas a estudiantes que ya se encuentran en quinto año de sus
estudios, ahora con la singularidad de que serán egresados como licenciados en
Rehabilitación médica integral.
Estas salas de fisioterapia son un bálsamo para quienes
sufren de fracturas, parálisis, artrosis, tortícolis, hemiplejias y otras
dolencias, que cualquier paciente como yo, agradecería que perduren siempre en
buen estado.
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