Xiomara
no es cualquier nombre de mujer. Así llaman a féminas como esta, que no deja de
pensar en trabajar y trabajar bien. Ella labora en la Fábrica de carpintería
metálica, conocida con el nombre comercial de Duralmet, en la provincia cubana de Las Tunas.
Piensa
en los más de diez años que lleva prestando servicio en la importante industria
del Ministerio de la Construcción en el territorio. En el área de ensamblaje,
se puede ver repicando una y mil veces al día los bordes de las rejillas que
componen una ventana.
“En
ocho horas de trabajo, pasan por mis manos unas cuatro mil láminas…Es un poco
agotador, porque lo hago todo de pie, pero ya estoy adaptada y me agrada. Me
siento a gusto aquí con mis compañeros, porque soy como una madre para ellos,
pues en su mayoría son jóvenes”, -explica sonriente Carralero, una de
las únicas tres mujeres que pincelan con gracia la fábrica.
Ella se
sabe importante en la cadena productiva: “De mi trabajo dependen dos mesas más
que son las que determinan el acabado de las ventanas. Quiere decir, que no me
puedo parar”.
La
perseverancia y la ternura tienen nombre
de Xiomara: “Me faltan unos meses para la jubilación…Ya lo necesito por la
edad, pero cuando eso suceda voy a echarle de menos a mis compañeros…” -dijo
taciturna, con un brillo exagerado en los ojos.
Cuando
conocí la pericia de una de las tantas
tuneras que conforman el abanico de féminas de fuerza del territorio, me
pregunté: A cuántos colectivos de trabajadores les hace falta la presencia de
mujeres como Xiomara? Seguramente que todos. El de Duralmet, una de las
fábricas más renombradas de Cuba, tiene
ese privilegio.
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