El ruido puede causar graves daños en
la calidad de vida de las personas. Es un asunto del cual se quejan
frecuentemente las personas. Tanto en los centros de trabajo o en los barrios
se puede hacer más para evitar este flagelo que resulta a veces, muy molesto.
La modernidad ha traído consigo la
explotación de equipos y maquinarias, que son generadores de ruidos por
excelencia. Los trabajadores que laboran en los
lugares donde se encuentran, están obligados a usar los medios de
protección, pues, estar expuestos constantemente a altos grados de decibeles,
pudiera causar hipoacusia o sordera.
En algunas comunidades es frecuente
ver cómo alguien se pone las manos en la cabeza en señal de auxilio, pues, el
claxon de un automóvil, el vendedor ambulante que pregona, la música a todo
volumen del vecino y el taladro inesperado de los que conviven pared con pared,
son suficientes para querer irse a vivir a otro planeta.
La contaminación sonora no se ve ni se
toca; sin embargo, es uno de los males que más afectan emocionalmente al ser
humano. Provoca estrés, ansiedad, irritabilidad e insomnio, cuando las personas
son sometidas a escuchar ruidos por encima de los 140 decibeles.
La ley 81/97 del Medio Ambiente brinda
respuesta legal a quienes incurren en indisciplinas como la de provocar ruidos
que atenten contra el mejor nivel de vida
de las personas. Las leyes y disposiciones están reguladas para
aplicarlas a cada infractor, pero los
excesos siempre pueden disminuirse. ¡Ojo! con la conciencia de cada cual que
tenga en sus manos la posibilidad de dañar menos el oído de los demás.

