Una publicación para describir e informar

martes, 17 de marzo de 2015

Ruido y más ruido



El ruido puede causar graves daños en la calidad de vida de las personas. Es un asunto del cual se quejan frecuentemente las personas. Tanto en los centros de trabajo o en los barrios se puede hacer más para evitar este flagelo que resulta a veces, muy molesto.

La modernidad ha traído consigo la explotación de equipos y maquinarias, que son generadores de ruidos por excelencia. Los trabajadores que laboran en los  lugares donde se encuentran, están obligados a usar los medios de protección, pues, estar expuestos constantemente a altos grados de decibeles, pudiera causar hipoacusia o sordera.

En algunas comunidades es frecuente ver cómo alguien se pone las manos en la cabeza en señal de auxilio, pues, el claxon de un automóvil, el vendedor ambulante que pregona, la música a todo volumen del vecino y el taladro inesperado de los que conviven pared con pared, son suficientes para querer irse a vivir a otro planeta.

La contaminación sonora no se ve ni se toca; sin embargo, es uno de los males que más afectan emocionalmente al ser humano. Provoca estrés, ansiedad, irritabilidad e insomnio, cuando las personas son sometidas a escuchar ruidos por encima de los 140 decibeles.

La ley 81/97 del Medio Ambiente brinda respuesta legal a quienes incurren en indisciplinas como la de provocar ruidos que atenten contra el mejor nivel de vida  de las personas. Las leyes y disposiciones están reguladas para aplicarlas  a cada infractor, pero los excesos siempre pueden disminuirse. ¡Ojo! con la conciencia de cada cual que tenga en sus manos la posibilidad de dañar menos el oído de los demás.

















martes, 10 de marzo de 2015

Centenarios de Las Tunas



“Consuelito”                                                                      
Consuelo Vitalia Iglesias Salcedo, no solo vino a este mundo para tener dos hijas, cuatro nietas, cuatro tataranietas y dos bisnietos. Tiene una lucidez privilegiada y por eso cuenta sin parar detalles de hace mucho tiempo.
En una de las casas más antiguas de la ciudad de Las Tunas, la número 24, de la Calle Vicente García, vive desde hace cien años. Dice su hija Teresa, que la propiedad del inmueble la conservan desde 1804, cuando las escrituras se hacían en la cercana Villa de Bayamo.
La anciana recuerda en el día de su cumpleaños cien, el 27 de enero, cuánto de ayuda desinteresada brindó a sus semejantes, desde los que lucharon en la etapa pre revolucionaria, hasta los que hoy día son más cercanos a ella en el tiempo: “Ayudaba con ropas, comida y cuanto hiciera falta a los rebeldes de la zona de Jobabo, tenían confianza en mí” –dejaba entrever, mientras con sencillez, numeraba algunas de las obras benéficas en las que participó, al inicio del triunfo de la Revolución.
Actividades de alfabetizadora y de maestra de corte y costura, son algunas de las que realizó gratuitamente, porque se deleita en enseñar y ayudar: “Son dos cosas que siempre me han gustado y nunca desear nada que no pueda tener”.
Consuelito, como todos le llaman, es conocedora de la historia. Sabe los pormenores de la vida de José Martí, como hombre de ideas y la importancia que tuvo para la independencia de Cuba; de Vicente García, el León de Santa Rita, y los veinte años que separaba el nacimiento de ambos, el primero, en 1853 y el segundo, en 1833…Así va repasando sucesos en su mente, mientras pregunta, ¿Voy muy rápido? _¡No, no!, va hablando muy bien –le respondí con prontitud.
“A veces, escribo poesía por inspiración. En mi vida he leído muchas revistas, periódicos, libros y ahora, hasta tarde, me quedo al frente del televisor para estar al tanto de todo, -comenta, y agrega: “Muchos jóvenes de la Universidad, vienen en busca de algún repaso de Historia y yo con gusto los ayudo”.
Consuelo es toda dádiva, asistencia, bondad…Unos la llaman poetisa, otros, abuela, otros, según sus percepciones, yo le llamaría archivo viviente. Recordar su presencia en la fiesta de los cien años del mambí tunero Julián Santana, cuando solo contaba con quince años, es bastante como para creer que su memoria histórica es privilegiada.
La casa número 24 de la calle Vicente García, ubicada en el mismo Centro Histórico de la ciudad de Las Tunas, ha contado por los siglos, con la presencia de nogenarias y centenarias. Paredes, puntales, puertas y ventanas, no esconden su imagen curtida por el tiempo; sin embargo, están aun ahí, quién sabe por cuánto más, para seguir dando fe de una familia que ha perdurado, para contar.

domingo, 8 de febrero de 2015

La reina de las alturas



Carmen Ávila Silva separa los deberes del hogar, sus dos hijos y el esposo, para asumir cada mañana una jornada de riesgos, en el Taller de revisión de ferrocarril de Las Tunas:
Los asuntos de mi casa son de allá y mi trabajo es aquí, de mi concentración depende que no haya accidentes y que la calidad de los aditamentos que se muevan se traslade en buen estado. Aquí he hecho muchas labores, desde pintar una casilla de tren, hasta destornillar o martillar piezas pesadas. No le tengo miedo a nada.
Con una leve sonrisa y un gesto en los hombros, Carmen dice cuánto es capaz de  hacer: Un día se le fue el freno a la grúa y fui a dar contra el limitador de parachoques, mis compañeros allá abajo estaban asustados y yo riéndome acá arriba. Le dije al jefe:


¡oye se le fue el freno a esto!, entonces el electricista subió rápido y controló la situación.

Carmen es una de esas cubanas que enfrentan diariamente el desafío. De auxiliar de higiene del lugar, se ha convertido en la reina de las alturas, precisamente porque no le teme a nada, -según sus propias palabras-. Desde hace doce años, sube y baja de una grúa, a unos seis o siete metros del nivel del piso, con la mayor serenidad del mundo:
Me siento orgullosa, orgullosa de ser la única mujer que ha dado el paso al frente en esta actividad, porque el puesto siempre había sido para hombres. Me llevo bien con todos, nos respetamos. Este trabajo no ha limitado en nada mi feminidad, me arreglo el pelo, las uñas, me maquillo…
Atrevimiento y sonrisa son una aleación perfecta que se parece al optimismo, atributo principal de Carmen, la gruera del Taller de Ferrocarril de Las Tunas; destacada en su labor, de cuya actividad nunca piensa renunciar.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Sueño de todos



“Inolvidable”, así catalogó Silvio Rodríguez lo que sucedió en su gira número 62 por los barrios, celebrada en áreas del Estadio Latinoamericano, de la capital del país, pero que en esta oportunidad tuvo un significado especial, la presencia de los Cinco.
El concierto, terminó con una alta carga emotiva, al subir al escenario Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René, que  junto al cantautor, interpretaron “El necio”, un clásico que sirvió de inspiración a los compatriotas, mientras cumplían sanción en cárceles norteamericanas.
Le siguió “Regresaré” y “La era está pariendo un corazón”, esta última cantada por Antonio Guerrero en sus tiempos de “recreación” en la prisión. Y en un espontáneo momento de empatía, los Cinco les dieron vivas a Silvio y mostraron reciprocidad de agradecimientos.
Antes, en la primera parte, se destacó como invitado David Torrens, y tras su presentación, Silvio interpretó canciones significativas de su repertorio como “La maza”, “El mayor” y “Canción del elegido”, entre otras, tarareadas por miles de personas que acudieron al lugar.
Lágrimas por alegría, y risas, se desbordaron en cada uno de los Cinco y sus familiares. Todos disfrutaron conmovidos las letras de los diferentes temas de Silvio.
A la alegría y júbilo de los Héroes se sumó la del resto de los asistentes y cada persona frente al televisor. Todos vivimos una jornada de música, poesía, hermandad y gozo que siguen mezclados  con  una sensación de dulce incredulidad, por ver en casa a los Cinco, pero que al final, nos damos cuenta que es cierto, es cierto el sueño que muchos, no sé cuántos, queríamos ver realizado.
Hermosa jornada no solo para un fin de semana, sino también para la memoria cultural de Cuba.
 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Olga, mujer invulnerable

Así, de manera tan natural, se expresa una tunera de 56 años, del municipio de Majibacoa, al este de la capital provincial de Las Tunas. Tiene una única hija y la invalidez de su muchacha, la suple Olga con la máxima atención y esmero, a pesar de que desde hace tres años cuenta con una sola pierna.
“Fue un accidente. Era necesario quitarme esa pierna, porque no servía, la tenía colgando todo el tiempo y después que me la amputaron, mi vida cambió para bien, engordé y me siento mucho mejor”, -expresa una de las tuneras que cuenta con más voluntad para vivir.
Y continúa diciendo: “El gobierno me ha ayudado con algunas cosas que a mi hija le hace falta, colchón, televisor y otros bienes que agradezco tanto…Yo por mi parte no me cruzo de brazos, todo lo que pueda hacer para ganarme un dinero o cualquier cosa que me haga falta para la casa, lo hago. Cobijo techos, realizo algunos mandados, lo que sea, para ayudar a mi hija”.
Olga es sencillamente una mujer digna para imitar. La voluntad y la perseverancia son sus atributos. Columna de su hogar, pues, aunque Yurisleydis, su hija, en ocasiones, ayuda en el fregado de la cocina, sobre sus hombros descansa la responsabilidad del día.
Para Olga no hay ocio en su casita de Sabanilla, cuando termina el grosor de su trabajo, se sienta junto a Yurisleydis a tejer  fondos para muebles, a partir de la fibra del guano. Allí siempre tienen algo de qué conversar y algún que otro sueño por anunciar.
Así, en parte, hace gala del significado de su nombre, que aunque de origen ruso, tiene mucho que ver con nuestros esfuerzos y raíces: “Aquella que es invulnerable", es nuestra también, es cubana.