Visitar
la ciudad de Las Tunas es contar con el
privilegio de ser un caminante de lujo. Mientras recorre sus calles se puede
percatar de estar frente a un tablero de ajedrez donde las fichas se acomodan
al mismo eclecticismo.
Las
Tunas siempre invita, presta de aquí, toma de allá, pone, quita, es emergente,
sugerente…Atrapa al más desapercibido de los viajeros. Sus hijos sienten la
ausencia cuando no están ahí para suspirar cuando aprecian sus encantos, o
simplemente alguna renovación.
Porque
la ciudad es un tapiz de muchos colores y gustos. Los oriundos la califican
como su “primer pueblo”, “mi casa”, “siempre renovada y trasformada”, “mi
terruño”…
Se
parece a sus habitantes: decididos, laboriosos, alegres, emprendedores,
tenaces. Nada falta en su calificación, nada sobra en su belleza.
Sus
naturales la añoran, la sufren, la desean, pero ella sigue ahí impetuosa,
desafiante, recibiendo al forastero y a sus pobladores, porque la ciudad de Las
Tunas siempre invita con las puertas abiertas.

